Poiquilocitosis

La anemia es la consulta más frecuente en Hematología. Sus causas son múltiples y una historia clínica cuidadosa puede orientar hacia la enfermedad o trastorno que la provoca. La definición y valoración del grado de anemia se establece por un parámetro del hemograma denominado hemoglobina. Es frecuente que el/la paciente acuda al hematólogo consultando por anemia según el número de hematíes o glóbulos rojos que aparece en su análisis. Los hematólogos clínicos valoramos y clasificamos la anemia según la cifra de hemoglobina y el tamaño del glóbulo rojo, no por el número de hematíes. Un parámetro del hemograma denominado volumen corpuscular medio (VCM) que mide el tamaño del glóbulo rojo, nos orienta sobre sus posibles causas.

En general, el estudio de la causa de una anemia se inicia con la solicitud de un análisis que incluye diversos valores como el hemograma, la cifra de reticulocitos (glóbulos rojos jóvenes), la determinación de la sideremia, la ferritina, el índice de saturación de la transferrina y la vitamina B12, entre otros valores solicitados. El examen microscópico de la sangre es fundamental, pues ayuda a establecer también su causa por el aspecto morfológico de los hematíes y del resto de células sanguíneas.

En la práctica clínica, las causas más frecuentes de anemia son de origen digestivo o ginecológico, bien sea por sangrado anormal originado en alguna localización anatómica del tubo digestivo o por pérdidas menstruales excesivas (anemia ferropénica). En consecuencia, es habitual solicitar exploraciones endoscópicas digestivas para determinar la posible fuente de pérdida sanguínea en caso de sospechar que la anemia tenga un origen digestivo. Esta situación es frecuente cuando el paciente es un hombre o una mujer con menopausia que consulta por anemia. En esta condición, siempre es obligado averiguar la causa antes de instaurar un tratamiento con hierro.

No obstante, existen muchas otras causas de anemia más complejas y que requieren otro tipo de exploraciones como el examen de médula ósea, en caso de suponer que el problema se origina por dificultad en la producción de glóbulos rojos. La dificultad de formación de hematíes puede ser de origen carencial (hierro, vitamina B12) o bien traducir una enfermedad primaria de la médula ósea, bien sea por alteración de las células madre hematopoyéticas (stem cells) o bien por ocupación anormal del espacio medular por alguna proliferación neoplásica originada en la médula ósea o en algún otro tejido u órgano que ha colonizado la médula ósea. Por otra parte, las enfermedades crónicas inflamatorias como la artritis reumatoide, la polimialgia reumática y diversas enfermedades intestinales frecuentemente se asocian a un grado variable de anemia, que puede ser tanto por pérdida sanguínea en el caso de las enfermedades intestinales, como por bloqueo o imposibilidad de utilización del hierro de los depósitos medulares por el estado inflamatorio crónico (anemia inflamatoria).

La anemia, por tanto, no es una enfermedad per se, sino que es una alteración hematológica que puede estar causada por numerosas enfermedades de diverso origen, ya sean hematológicas o de otras causas: digestivas, ginecológicas, carenciales, inflamatorias o tumorales. En definitiva, los hematólogos clínicos son los especialistas más cualificados para diagnosticar de forma rápida y certera la causa de una anemia y de poder ofrecer el mejor tratamiento para su curación.